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En el número 3 de la Calle Santa Isabel en la zona de Antón Martín y entre los barrios de Lavapiés y Huertas, se encuentra uno de los lugares únicos de Madrid: el cine Doré. Este edificio del año 1912 conserva la atmósfera de aquellos cines antiguos, con butacas, luces y cortinas de un cine de antaño, y acoge la Filmoteca Española, haciendo que por unos instantes el tiempo se detenga. Bien lo saben quienes hacen la fila para la próxima proyección, pues aunque sus aspectos cambien, siguen siendo personas para las que el cine, es un momento único y en estos tiempos, hasta un acto político, donde se comparten colectivamente emociones muchas veces indescriptibles.

Para conocer más en profundidad su historia, las circunstancias por las que pasa y los desafíos que se viven en el día a día conversé con Antonio Santamarina, Gerente desde hace 13 años del cine Doré, quien nos contó cosas muy interesantes de este lugar. Antonio estudio filología hispánica, por lo que su formación se la debe a los libros, y en especial a autores sudamericanos como nos cuenta en uno de los pasajes de esta entrevista. Su relato comienza así:

Antonio SantamarinaEn 1912 este barrio era una barraca de feria, entre las atracciones que existía, el cine era una más, la película Drácula de Coppola refleja muy bien eso. En el año ‘22 ya es un cine y tiene valor porque este eje de Madrid era muy importante antes de la Guerra Civil, estaba la estación de Atocha, y Sol, lo que hacía que la gente no se fuera  muy lejos, aunque en alguna novela de Galdós, se dice que la gente empezaba a irse al barrio de Salamanca. Poco a poco este distrito  va perdiendo su importancia y se convierte en un cine de barrio, hasta que en los años ‘60 se cierra debido a que el cine ya no es negocio, no cuenta con aire acondicionado, no se adaptaba a los nuevos tiempos, y entonces ya no puede competir con los cines de la Gran Vía.

Ahí a la Filmoteca Española, gracias a Luis García Berlanga, que era su presidente, se le ofrece la oportunidad de poder venir aquí al Cine Doré como Sala estable de proyecciones. Hasta entonces la Filmoteca había hecho la proyección de sus películas en salas de cines comerciales. Yo recuerdo que cuando yo era estudiante yo lo cogí en el cine California que era la sala de la SGAE (sociedad general de autores y editores) que está por Andrés Mellado, pero luego estuvo en el Infanta, en el Torres  de Madrid, en el Covadonga, en el Príncipe Pio, es decir, cada año tenías que ver donde te tocaba ir. Por otra parte, estos cines que no tenían buenos equipos, las proyecciones eran de menor calidad. Fue entonces  cuando se consiguió abrir el cine como sala estable de proyecciones de la Filmoteca Española el 28 de febrero de 1989 y ya con equipos con buenas condiciones y buen equipamiento.

Antonio Santamarina es gerente del Cine Doré desde el 1 de abril del 2002, y desde entonces hasta hoy, ha visto muchos cambios y ha tenido que enfrentar muchos desafíos para mantener un cine de estas características. ¿Cuáles han sido los principales hitos que has vivido a la cabeza de este proyecto?

Lo que he vivido fundamentalmente es el cambio del cine analógico al digital, y por otro lado, la sustitución de los viejos cinéfilos. Son los dos acontecimientos. Por una parte el cambio de lo que se vino llamando cinefilia, donde antes era venir a la Filmoteca a ver las películas y de pronto se convirtió en poder adquirir todas las películas por DVD, piratas o como fuera y tenerlas todas en una biblioteca aunque después no vieras ninguna porque no tenías tiempo, pero el caso era tener las películas al momento, lo que fue un cambio.  Y lo que vivimos ahora que es ver las películas clásicas en pantallas grandes. La mayoría de la gente ha visto muchas películas en otro tipo de pantallas porque ya se consume más el cine de manera individual, que de manera colectiva, y aquí se tiene la oportunidad de ver las películas en su formato grande, entonces el ciclo como el de Billy Wilder, por ejemplo, estaba prácticamente lleno casi todos los días, y un ciclo de Woody Allen igual, las nuevas generaciones vienen a verlo.

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¿Estos cambios han traído nuevos desafíos entonces?

Sí, estamos incorporando a un público joven, tenemos una sesión los sábados que es quizás la sesión que más se parece a lo que eran las sesiones de cine antes. A mi es la que más me gusta de todas, aunque no siempre la damos en versión original porque vienen chavales por lo que las ponemos dobladas a veces y se junta un público que es de diferentes edades. Yo voy a veces los lunes al cine y el más joven soy yo, y si no, vas a otro tipo de películas y todos son muy jovencitos, pero no hay el interés intergeneracional. Sin embargo, aquí tú pones una película como Superman y los Goonies y te encuentras con niños pequeños, con treintañeros que son de esa generación para las que esas películas  se han convertido en un clásico o con los que les gusta el cine, y cuando empieza la sesión la gente comienza a aplaudir. Si pones el Mago de Oz por ejemplo, vienen las madres.

Otra alternativa son las sesiones matinales que hacemos para los colegios. Con todos los recortes y todo lo que está ocurriendo en este país, hubo un momento determinado donde la perspectiva era bajar el número de sesiones, y entonces aquí por voluntad  de la Filmoteca y por empecinamiento mío dije que no sólo o íbamos a bajar el número de sesiones, si no que las íbamos a subir, y entonces lo que he hecho es subirlas, ya que no se pudo por las tardes, las he subido por la mañana.

¿Y qué tal ha resultado la propuesta?

Muy bien, porque vienen colegios de niños pequeños de 6 años, hasta chicos de 10 y 15 años, es decir se pone de acuerdo el Instituto con nosotros y a veces proyectamos incluso trabajos que ellos han hecho.

¿Qué importancia tiene que sus desafíos vayan dirigido a los más jóvenes?

Mucha, porque hay una parte que nunca se ha tomado en serio en la enseñanza pública y que es enseñar a mirar, no se enseña a mirar. Es algo, que cada cual tiene que ir aprendiendo, y todo el mundo cree que tiene la capacidad para hacerlo, pero para mirar, si nadie te ha enseñado o no has ido a comunicación audiovisual, puedes aprenderlo. Yo aprendí viendo mucho cine y también leyendo de cine, y eso tendría que estar en la enseñanza. Igual que te enseñan la historia del arte llevándote a museos o teatros como lo hicieron conmigo. Lo natural debiera ser que hubiera enseñanza de cine dentro de la secundaria e incluso se podría empezar por la primaria porque los muchachos nacen con imágenes y luego que aquí les diéramos un complemento.

Cine Doré 1En cuanto a la Filmoteca propiamente tal. Si paso algunos días en Madrid, qué me ofrece este espacio.

Solemos exhibir al menos un 60% de cine español. La Filmoteca española tiene como misión la conservación, la preservación y la restauración del patrimonio cinematográfico de España porque estamos aquí, pero el cine no conoce de nacionalidades. No hay una forma homogénea de hacer las cosas. Mi formación ha sido con la literatura sudamericana como Borges, Cortázar, Alejo Carpentier, Neruda, y en su momento con las películas de Miguel Littin o Patricio Guzmán. Yo soy un ciudadano del mundo, y el cine intenta serlo. Hace poco pusimos unas películas de Cortázar y estamos abiertos a cualquier otro tipo de propuestas. Ahora estamos con un ciclo de cine coreano que ofrece muy buenos productos, y cine rumano, o algunos más difíciles como cine georgiano o cine macedonio, aun cuando puedes acceder a ellas por otras plataformas. Tenemos también ciclos de cine clásico que puede ser de los años 60, pero también de los 80, que ya es clásico por los valores que ofrece. Siempre son versiones originales subtituladas y en su formato.

Tenemos también proyecciones de 35 milímetros que casi no quedan en España, tan solo en las filmotecas, ahora estamos en 16 milímetros. Proyectamos en Blu-Ray, Betacam Digital y SD, HDCAM,  DFTs, es decir, tenemos todo el equipamiento para proyectarlo todo.

El edificio del Cine Doré pertenece al Ayuntamiento de Madrid y para la programación recibe fondos públicos del Ministerio de Educación, Cultura  y Deportes, además de tener acuerdos con el Festival de Cine de San Sebastián, de Sevilla, de Málaga, y colaborar  con otras filmotecas, entre otras alianzas.

El cine cuenta con 3 salas, dos permanentes y una de verano, en la terraza del edificio, por lo que un día pueden asistir a estas salas un total de 500 personas, las cuales acceden con precios asequibles. Además de las películas se presentan documentales, se hacen debates y se presentan libros. Hay tantas actividades que Antonio nos cuenta que hasta el 29 de junio el equipo compuesto por 15 personas está con la agenda completa.

En tiempos donde el cine comercial tiene grandes recursos, y donde la gente suele ver películas de manera individual en distintos dispositivos, le pregunto a Antonio Santamarina qué lo motiva a levantarse todos los días a trabajar.

La verdad es que es mucho desgaste, pues partimos de una situación que no ha querido arreglarla ningún gobierno hasta ahora y es que la Filmoteca Española debería ser un organismo autónomo del mismo nivel que lo es el Museo del Prado, la Biblioteca Nacional o el Museo Reina Sofía. Yo siempre doy el mismo ejemplo. El Museo Reina Sofía era el Museo de Arte Contemporáneo que estaba en la ciudad de la Imagen, y casi nadie iba a verlo. Vino el Guernica y se construyó ese edificio simplemente por voluntad política. El siglo XIX lo explica muy bien la novela, pero el XX lo explica muy bien el cine, pero eso no lo han entendido. Nosotros somos una institución que preserva el Patrimonio pero estamos sujetos al ICAA (Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales) y no tenemos independencia, con una página web que es ortopédica, no contamos con recursos independientes. Quedamos muy bien para el ICAA, pues la Filmoteca genera buenas noticias, pero nada más. De aquí a las elecciones además no queda nada de tiempo, y por ende, seguramente no se hará nada. Yo estoy tratando de dejar esto en las mejores condiciones.

Esto lo dice porque a Antonio Santamaría le queda un año para jubilar.

 ¿Y qué es lo positivo…?

Generar las exhibiciones para los niños, los jóvenes, o el recorrido que hago por la filmoteca a investigadores o a grupos que estén interesados en conocerla. El contacto siempre soy yo. En navidad pido un poco más de presupuesto para regalarles caramelos a los niños, o celuloides para que sepan lo que es. Me gusta también atender a la gente que quiere preguntar.

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Para conocer la programación de la Filmoteca puedes entrar a la web del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, la cual lamentablemente la suben con un poco de retraso indica Santamarina. También se puede ver en el Boletín Oficial del Estado que está en Internet o pasarte directamente por la taquilla del Cine para retirar su ya clásica programación en papel. El número de películas que se exhiben pueden ser entre cuatro o cinco por día y en el verano tres. Los lunes y festivos cierra por descanso del personal.  Todos los empleados generan una relación cercana con quienes pasan por aquí, cuestión que Santamarina ve muy difícil que ocurra en caso que se privatice este espacio. Y es que al gerente del Cine Doré le gusta la cercanía.

Un dato interesante es que todo el Archivo Nodo y las películas que están libres de  derechos están en el Archivo de Radio Televisión Española, donde puedes acceder gratuitamente a estos documentos audiovisuales.

Las últimas reflexiones de Antonio están relacionadas con muchos desafíos que tiene aún la Filmoteca como son mejorar la web del sitio; subir las películas, los debates o presentaciones de libros a un sitio donde todo el mundo lo pueda ver;  así como compartir  películas que están libres de derechos y restaurarlas de manera óptima y presentarlas en un catálogo. Es un tema de prioridades dice, de voluntad política.

Yo digo que sea cual sea la solución y mientras esta llegue, espacios como este continuarán guardando su romanticismo e impronta para convertirse en un imprescindible para los cinéfilos que pasen o se queden en Madrid.

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Gracias por leerme y hasta un nuevo artículo.